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viernes, 27 de febrero de 2015

Relato corto: "Belinda"


Belinda comprueba como aparece su nueva imagen en la prensa, lee el breve comentario que la acompaña (el periódico en síntesis hace una exposición del drama vivido por ella en estos dos años pasados y del final feliz después de la operación). Piensa como en una información tan lacónica (no ocupa más de un cuarto de página) se puede expresar la sucesión de tantos días infinitos, como le han parecido a ella, así como el intenso dolor externo que después se le interiorizó haciéndose más profundo y acerado. 
Recuerda como en los primeros días le tenía miedo a mirarse en el espejo, a ser vista, al sentir que era diferente. Un accidente doméstico, una simple torpeza adquirió carácter de tragedia, se unió el fuego y la adversidad, era sólo una adolescente (dieciséis años), tuvo el gesto descuidado y la atención en otra cosa, todo sucedió de forma fortuita y breve, perdió pie se apoyo mal y cayó sobre la brasa, su grito de dolor y el quejido unánime de todos rompió aquel atardecer.
Después del dolor y de las curas continuas, vino el cubrir con el cabello la zona maldita, evitar su tacto para no entrar en conflicto, ignorar su existencia sin apercibirse de que aún la hacia más evidente. Aquel controlar el gesto para evitar que aparezca la parte oculta, la fea rigidez en la cara, medio rostro bello y el otro cubierto con la melena de rizos largos. 
Mira atrás y aún le conmociona, es pronto todavía para asumir la reparación, demasiadas noches en vela, no quiere pensar en el dolor de los suyos, no es capaz de sumar más en contra, les ha visto llorar en silencio, simular que no les afectaba tanto, ha tenido el apoyo incondicional de todos, sin ellos ¿como habría podido llegar hasta aquí?.

La Dra. Paniagua está sentada frente al ventanal de su pequeña morada de madera situada en la sierra madrileña, al fondo los frondosos abedules que cierran el pequeño bosque donde está enclavada, tiene una grata sensación de euforia, la que provoca el éxito, no ha sido una intervención más, su dificultad le llevó a más de una reflexión. Dos intervenciones anteriores complicaban el proceso. Le viene la triste imagen de unos ojos al descubierto tan desiguales, vio de frente la fealdad parcial en un rostro guapo, antes lo había analizado fríamente en fotografías, incluso lo compuso mentalmente, pero usando parámetros estrictamente técnicos, la realidad le conmovió, bajo aquella piel dañada sentía a la joven doliente pero esperanzada y fuerte, - Demasiado niña para haber sufrido tanto, pensó entonces.

Agustín Peña va delante con paso decidido, detrás el joven caddie con los palos y a unos cinco metros le siguen, con paso más reposado, sus dos compañeros de juego que hablan animadamente. Tiene la mente en otro sitio, no deja de pensar en su protegida, le acaban de anunciar que la última operación quirúrgica ha sido un éxito (no fue así en las dos anteriores, en las que se dejó aconsejar por personas inadecuadas y los médicos no dieron la talla), se culpa de las dos actuaciones fallidas y del dolor añadido que ha sufrido la joven. - Ahora, ya ha terminado todo…, tienes que pasar página,- No es fácil, se dice, - Lo tengo todo gravado aquí dentro.
La noticia del accidente le llegó aquel día de sopetón, la chica vivía cerca, unas calles más abajo, todo el mundo hablaba de ello, sintió pesar, pero le superaba el rechazo que le provocaba, no podía ni pensar en la piel sonrosada y encogida formando una cicatriz hiriente, nunca pudo asumir la fealdad cruel del quemado. Sentía rechazo y con ello la sensación de culpa. No podía permitir que aquella joven quedara deformada de por vida, una imagen así es demasiado cruel.
Se llevó a cabo con todas las cautelas, nadie, absolutamente nadie, debía saber quien estaba detrás del fondo creado para devolverle la normalidad, no había límites ni condiciones, así se lo estableció a su abogado y hombre de confianza. Unicamente él sabía, no obstante, que con éstas condiciones sólo quería preservarse, deseaba estar en la distancia, no verse obligado a fingir normalidad con nadie, menos ante ella, ya que sabía que el verla le provocaría horror.

Belinda dio muestras más que evidentes de su fortaleza mental cuando tres meses después de la intervención rehuso seguir con la terapia impuesta (siguiendo las instrucciones médicas y financiadas por el fondo de cura y recuperación), no quería seguir siendo una carga para nadie. Además, había recuperado la autoestima perdida y se sentía completamente normal. Pero también era agradecida y se impuso llegar a las personas que le habían ayudado, quería mirarle a los ojos una a una y decirles, - Mírame bien, esta cara es obra tuya y no sabes lo que representas para mí, te estaré agradecida mientras viva. Se puso en el empeño, pero no había forma de conseguir pistas, era chocar contra un muro, - Sin duda no saben de lo que soy capaz, se dijo con una determinación que sonaba a reto.

Finaliza noviembre y el ambiente que se respira en la oficina central es de claro optimismo, las previsiones anuales se han superado con creces, el equipo directivo rodea al propietario, Agustín Peña (quién a sus cuarenta años ha conseguido un éxito empresarial realmente destacable), quieren manifestarle sus admiración y respeto. Es hombre tremendamente práctico y estas situaciones le incomodan, ante los elogios se manifiesta como todos esperan, les dice que es obra de todos, les agradece los cumplidos y les devuelve amablemente a sus ocupaciones. Cuando al fin queda sólo respira profundamente y se echa hacia atrás en el sillón, se siente muy complacido. Desde la puerta entreabierta la muchacha le observa con ensimismamiento, la abre un poco más y queda expectante, a él le sobresalta el verla allí, la reconoce inmediatamente, se levanta nervioso, duda de como va a reaccionar. Ella, Belinda, corre y se abraza a él con una ternura que nunca habría imaginado, le habla pero son, sus gestos de afecto, los que le conmueven, le explica que lo sabe todo, le manifiesta su profundo agradecimiento, ambos terminan llorando.
Después salen juntos, se sientan en un bar, ella le habla con una sinceridad que le impiden escaparse por la tangente, el también lo hace, quiere ser justo con ella y consigo mismo, le manifiesta toda su realidad, incluidos los miedos. Ambos se han descubierto una parte muy íntima que al otro conmueve. Quedan en verse otro día. Lo hacen dos días más tarde, se comprenden bien, Belinda se muestra enormemente agradecida y en Agustín crece de forma manifiesta su interés por ella. En los meses sucesivos siguen saliendo y un día surge una pregunta, - ¿Qué tan mayor me ves?, ella le sonríe y pone su mano cariñosa entre las de él. 


  

   

      

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